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¿De verdad están cambiando las empresas? Cuando la cultura se queda en los titulares, pero no baja al día a día.

Vivimos tiempos en los que hablar de transformación cultural está de moda.

En eventos, webinars, newsletters o redes sociales, se repiten conceptos como “liderazgo horizontal”, “entornos colaborativos”, “empresas con propósito”, “seguridad psicológica” o “equipos ágiles”. A simple vista, podríamos pensar que estamos atravesando una revolución organizacional sin precedentes. Pero hay una pregunta que me persigue —o quizás yo la persigo a ella—: ¿de verdad esto está ocurriendo dentro de las empresas? ¿O solo estamos
creando una burbuja discursiva en reuniones empresariales?

Como coach, formadora y mediadora, tengo el privilegio (y la responsabilidad) de escuchar de primera mano lo que viven las personas dentro de sus entornos laborales. Y lo que escucho, con demasiada frecuencia, no coincide con el relato oficial. Porque mientras los jefes hablan de confianza y colaboración, cuando estoy trabajando con los equipos describen presión, reinos de taifas, falta de escucha y climas tensos. Mientras los valores corporativos cuelgan en las paredes o figuran en presentaciones, en la práctica diaria reina la desconfianza, la falta de coherencia y la sensación de estar sobreviviendo más que construyendo.

No exagero cuando digo que una de las respuestas más frecuentes ante la pregunta “¿Cómo es el ambiente en tu empresa?” viene acompañada de un gesto: los ojos en blanco 🙄. Ese pequeño gesto habla por sí mismo. Hay quien baja la voz para compartir que en su empresa aún se lidera desde el miedo 🤫. Otros hablan de dobles discursos, de estructuras rígidas que asfixian la innovación, la colaboración. De hecho, en todos estos años, me he encontrado con muy pocas personas que digan: “En mi empresa hay coherencia. Lo que dicen y lo que hacen va de la mano”.

 ✅ Esto me lleva a plantear varias preguntas incómodas:

¿Estamos hablando de una transformación real o solo de una narrativa que nos calma la conciencia? ¿Estamos compartiendo posts sobre liderazgo humano, pero seguimos evaluando a las personas solo por su nivel de productividad? ¿Estamos hablando de confianza, pero seguimos gestionando desde el control y la desconfianza? ¿Estamos repitiendo el discurso del cambio, mientras nos negamos a soltar viejas formas de liderar?

 

Para cambiar todo esto estoy aquí. Hablar de cambio es valioso. Es necesario. Y es un gran primer paso. Enhorabuena a los que lo han dado. Transformar una cultura no sucede solo al nombrarla, sino al vivirla y hacer honor a lo que implica. Una cultura organizacional no se impone ni se diseña únicamente desde una campaña o un documento de valores. Se construye cada día, en lo cotidiano: en las conversaciones, en las decisiones que tomamos, en los gestos del liderazgo, en cómo nos relacionamos con los demás.

Para crear una cultura basada en la confianza, entreno a los líderes a practicar la escucha activa y empezar dando el ejemplo (algunos aún se resisten porque creen que los fallos son de los demás 🤭. La colaboración crece cuando los incentivos promueven el trabajo en equipo y el logro compartido, cuando se entrenan todos, todos, todos en habilidades para conseguirlo. El bienestar se fortalece en entornos que permiten la flexibilidad, la comprensión y el espacio para aprender del error. Y la innovación florece cuando las ideas nuevas son bienvenidas, respetadas y exploradas con apertura, en un espacio seguro y de confianza real.

La coherencia es la base de una cultura viva. No es un ideal lejano, es una práctica diaria que distingue a las organizaciones que realmente están evolucionando. Ser una empresa de este tiempo implica actuar alineados con lo que decimos ser. Es ahí donde comienza el verdadero cambio.

 ✅ Entonces, ¿qué hacer con todo esto?

La invitación es clara: bajemos el discurso del cambio a la realidad diaria. Hagamos y escuchemos las respuestas a preguntas incómodas. Atendamos lo que no se dice en las reuniones de comité, permitamos la libertad de expresión, acojamos las críticas y el reconocimiento de errores como oportunidades de crecimiento. Preguntemos a las personas, sin miedo, qué se siente realmente trabajar aquí. Porque solo cuando las empresas tengan el coraje de mirar hacia dentro —y actuar en consecuencia—, la cultura dejará de ser un concepto bonito y empezará a ser una vivencia tangible.

📌 Y si lideras, no olvides esto: Los resultados de un equipo no son casualidad. Son el reflejo del liderazgo que los guía.

Lector, si eres quien diseña la cultura desde RRHH, o formas parte del equipo directivo de una organización, te lanzo una propuesta muy concreta: pregúntate con honestidad si lo que se vive en tu empresa es coherente con lo que se predica.

 

🚀 Si quieres cambiar algo en tu empresa, estoy a tu disposición.

📩 Escríbeme y lo hablamos.

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